En muchas ocasiones mis lectores me han compartido historias de fracaso en sus relaciones de pareja. La constante siempre es la misma ¿cómo hago para no volver a equivocarme? ¿Por qué elijo mal a quién amar?

De estas preguntas nació la reflexión que aparece en mi libro más amado: Sheccid. Cuando el amor duele.

Nadie nace sabiendo amar. A amar se aprende. Los primeros maestros son nuestros padres y hermanos. En la familia recibimos abrazos, caricias, elogios o rechazos que nos marcan. Pero todos podemos corregir el camino y construir mejores relaciones cada vez. Para ello se necesita tener algo indispensable: Humildad, deseo de mejorar. En una palabra DISPOSICIÓN.

Tener DISPOSICIÓN AL AMOR es el sello secreto de quienes están destinados al éxito con su futura pareja. Carecer de esa DISPOSICIÓN es vaticinio de fracaso.

Sucede siempre:

En este mundo hay gente que intenta una o varias relaciones y termina lastimada y lastimando, sufriendo separaciones dolorosas, sin importar con quién. También hay quienes (los menos) aciertan a la primera. Y no porque hayan sabido elegir perfectamente (no existe la elección perfecta) sino porque hacen las cosas bien sin importar con quién… Así de simple. En materia amorosa algunos tenderán a fallar y otros tenderán al éxito.

QUIEN NO TIENE DISPOSICIÓN AL AMOR es egoísta, enfocado solo en sus propios deseos y necesidades; siempre busca dar poco y obtener mucho a cambio, quiere el mejor lugar, la mejor comida, el menor esfuerzo, aunque su compañero tenga lo peor. Las personas con esta condición (o carencia) pueden ser inteligentes, capaces de obtener títulos profesionales y hasta ganar mucho dinero, pero al no saber amar, pueden acabar con el corazón roto y rompiendo el corazón de su pareja.

QUIEN SÍ TIENE DISPOSICIÓN AL AMOR posee un espíritu generoso; piensa en cómo puede aportar experiencias de valor al ser amado; le cede a otro el mejor lugar, la mejor comida, no le grita, no lo intimida. Las personas con esta cualidad desean entregarse, disfrutan el puro gozo de ayudar a su pareja a ser más feliz; saben perdonar errores, ponen en primer lugar a la persona que aman; están decididos a cambiar y pulirse en beneficio de ella; cuidarla, protegerla y hacerla sentir bien siempre que pueden.

Querido lector, seguramente tú tienes disposición al amor. Quieres amar. Sabes amar. Solo debes cuidar la elección de una pareja que también tenga esa característica (o deseo de aprender). Dos personas así no pueden fallar. Descubrirán que el amor eterno sí existe.

De todas las cualidades que puedes observar y elegir en la pareja, esta es la más importante. Lo demás es lo de menos. Si ambos tienen la disposición para el amor, como se explica en Sheccid, cuando el amor duele, les irá bien juntos, aunque fallen en otros detalles. Porque en la imperfección humana, el amor disimula los errores y renueva las fuerzas de la pareja día a día.