Un mal noviazgo puede causarnos confusiones, dolor, y hasta perjuicio. Un buen noviazgo, en cambio, pueda elevar nuestrosniveles de alegría, y ayudarnos a mejorar. En mi libro JUVENTUD EN ÉXTASIS explico los dos errores más comunes del noviazgo.

El primero se llama: IDEALIZACIÓN.

Todo comienza así: cuando estamos solos imaginamos historias de amor, incluso nos dedicamos a darle forma con la mente a la persona que anhelamos para nosotros; creamos un ideal; la soledad puede ser tan dolorosa que buscamos evitarla a toda costa; entonces conocemos a alguien de carne y hueso que nos gusta físicamente ¡y la mente nos traiciona, haciéndonos creer que hemos encontrado a nuestra pareja anhelada!

Eso se llama idealizar. Al idealizar, nos dejamos llevar por espejismos; nos enamoramos ciegamente de alguien a quien ni siquiera conocemos bien. Otros nos lo advierten. Comenzamos a tener señales de peligro, pero nos aferramos al ideal imaginado. Entonces racionalizamos diciendo que el amor podrá hacer que las cosas mejoren y que con esfuerzo lograremos que esa persona cambie…

Pero todos sabemos que nadie puede hacer cambiar a otro. El amor ideal destruye el corazón, porque no existe. Sólo se ama cuando se  conoce al otro en un nivel profundo. Es muy doloroso despertar a una realidad terrible demasiado tarde. El verdadero amor no es ciego; la idealización, sí.

Segundo error: PREMURA PASIONAL.

La mayoría de los anuncios de televisión nos muestran escenas de enamoramiento instantáneo. Este concepto de superficialidad se ha convertido en algo normal. Excitante de momento, pero hueco. Cuando nuestro noviazgo surge como una explosión proveniente del fuego corporal, conviene hacer pausa y pensar.

¿La razón principal y única de estar juntos es encendernos con besos y caricias? ¿La relación avanza a pasos agigantados hacia el erotismo? Tal vez los cuerpos se atraen, tal vez haya una química irresistible, pero eso no es amor. Es reacción hormonal. Como de animales en celo. El amor real no lleva prisa y está basado en el conocimiento profundo de la otra persona; en la aceptación de sus virtudes y defectos. En el deleite de conformar juntos una amistad bien cimentada.

El noviazgo es el tiempo idóneo para conocerse. Tal vez estemos cometiendo el error de la idealización o de la premura pasional y no nos hemos dado cuenta. Detengámonos y analicemos las cosas. Eso nos podrá evitar muchos dolores de cabeza y sobre todo nos impedirá avanzar hacia una relación más duradera que está destinada no solo a fracasar sino a hacernos sufrir. Toda decisión importa y al final cada uno es responsable de su éxito en el amor.