Esto nos ocurrió el 15 de julio de 2016. ¡Hace apenas unos días!

Minutos antes de que nuestro vuelo aterrizara en Estambul comenzó un golpe de Estado. Los militares rodearon el aeropuerto internacional Atatürk con tanques de guerra. La policía y la población armada enfrentaron al ejército. Los golpistas respondieron usando artillería pesada. Nadie se lo esperaba.

Llegué con mi familia a Turquía, entusiasmado por haber hecho realidad un viaje largamente anhelado. Quería conocer con ellos ese país y hacer una celebración original.

sheccidVerán. Al terminar de escribir un libro importante, solemos celebrarlo en familia. Si el libro es muy importante viajamos juntos a un sitio especial. Y, de los treinta y tantos libros que he escrito, quizá el más importante se llama Sheccid. Cuando el amor duele, de la saga “Los ojos de mi princesa”. Así que viajamos. Pero esta vez nuestra celebración se excedió en originalidad.

Entramos al aeropuerto y notamos algo muy extraño. La fila para pasar migración era larguísima. Sólo había un par de agentes atendiendo, pero de forma distraída, desenfocada, lenta; hablaban por celular, sin ver a los turistas ni leer los papeles. De pronto dos hombres comenzaron a pelearse; nadie los separó. No había policías en la zona de migración. Algo grave estaba sucediendo. Pasamos el filtro. Todo se había paralizado, no había taxis ni casas de cambio, los negocios habían cerrado. Interrogamos a un hombre de rostro pálido y ojos llorosos que estaba detrás de un mostrador cerrado. El sujeto volteó el monitor de computadora que tenía en frente y nos enseñó.

—Miren las noticias. Esto está ocurriendo aquí mismo. Fuera del aeropuerto.

Autos incendiándose, gente corriendo, muertos desangrándose sobre la acera.

En ese momento una turba irrumpió y cientos de personas corrieron hacia nosotros huyendo de los balazos. También corrimos. Bajamos unas escaleras y llegamos a la zona de oficinas. Todos los turistas se metieron a diferentes escondites. Mi familia y yo corrimos más al fondo de ese sótano, forzamos una puerta de cristal corrediza que sólo se abría electrónicamente y formamos una barricada con escritorios y archiveros. Ahí pasamos la noche. Tirados en el suelo. Rezando. Escuchando gritos y golpes lejanos. Fueron veinticuatro horas de angustia al límite. Una angustia que te cambia la vida. Sólo salimos del escondite cuando cayó una bomba en las instalaciones del aeropuerto y el edificio se cimbró con un rugido grave y gutural. Pero volvimos a ocultarnos, impotentes, aterrados, pidiéndole a Dios un milagro.

Así celebramos el lanzamiento de mi libro más reciente. Tomando de la mano a mi esposa e hijos, debajo de esa barricada improvisada, guardando silencio y a veces la respiración, entendimos que el límite máximo de la angustia no es que tu vida peligre, sino que peligre la de tus seres queridos ¡y no puedas hacer nada por ayudarlos!

El AMOR fortalece, inspira, nos brinda una misión de vida y un motivo excelso para luchar, pero a veces el amor también duele. Duele cuando le pasa algo malo a tu ser amado. Duele cuando te tienes que separar de él. Duele cuando lo ves en una situación oscura…

Mi libro Sheccid. Cuando el amor duele es una historia de amor que nos enseña a amar mejor. Los personajes son reales; respiran, sienten; casi los puedes tocar. Nunca antes me he sentido tan conmovido al escribir una novela. Sé que al lector le sucederá algo similar cuando lo lea. Todo lo referente esta obra es intenso. Incluso nuestra celebración.

En el artículo del próximo mes les contaré cómo salimos de aquel escondite y escapamos del golpe de Estado en Turquía. Sólo les anticipo que logramos hacerlo sin heridas físicas. Y la siguiente noche cenamos en un restaurante turco, ¡pero en otro país!, y brindamos y nos abrazamos y lloramos de alegría, al comprender que, tal como lo dice el libro, “es increíble como el amor puede confortar y doler al mismo tiempo; yo te di fuerzas y tú a mí; ¡nos inspiramos mutuamente! Y gracias a nuestro amor somos mejores seres humanos y podemos celebrar el milagro de estar vivos”.