¿Por qué tantos hombres caen en la práctica ruin y deshonesta de fingir amor para obtener sexo?

“Seducir mujeres” se ha convertido en una actividad adictiva. Abundan libros sobre el tema. Los secretos del seductor se venden y se practican como necesidad obligada para demostrar virilidad: ¿Qué decirle a una mujer y romper sus barreras?, ¿qué hacer para ganar su confianza?, ¿cómo fingir desinterés y sorprenderla con un acercamiento inocente, (pero planeado)?, ¿de qué manera hacer que la sorpresa y el embeleso la dejen sin defensas?
Las relaciones sexuales fortuitas, provenientes de estrategias premeditadas son un pasatiempo varonil habitual. Casi un deporte. ¿La razón? Muy simple. Los hombres y las mujeres somos distintos. 

En mi libro JUVENTUD EN ÉXTASIS, planteo algunos conceptos que fueron motivo de grandes polémicas. Pero son verdad:

El orgasmo del hombre es en esencia fisiológico. El hombre se excita fácilmente, sobre todo por estímulos visuales; también la imaginación juega un papel preponderante. Luego, el hombre solo requiere un ejercicio mecánico de frotación para llegar al clímax. Simple. Rápido. No necesita involucrar las emociones. Puede alcanzar el orgasmo con la misma intensidad, ya sea teniendo contacto con una mujer que apenas acaba de conocer, como con una con la que siente afinidad. Incluso solo.

El orgasmo del hombre es así. Sobre todo fisiológico.
Las mujeres en cambio están dotadas para experimentar varios orgasmos en la misma sesión, pero su naturaleza sexual es sobre todo psicológica; para llegar al clímax, a una mujer le ayuda mucho sentirse amada, comprendida, valorada, libre de culpas, segura, no obligada ni usada. Para la mujer es casi indispensable experimentar caricias sin prisas ni brusquedades; concentrarse en las sensaciones de su cuerpo y dejarse llevar sin inhibiciones.

¿Ahora comprendemos por qué, una mujer no puede sentir el menor placer cuando es violentada sexualmente y un hombre, en cambio sí podría sentirlo al violentar? ¿Ahora comprendemos por qué tantas chicas son engañadas por pretendientes que les juran amor, pero que solo buscan utilizar sus cuerpos?

Seducir a una mujer, fingiendo interés emocional cuando solo se tiene interés sexual, es una práctica deshonesta. Dejarse seducir por la necesidad de ser amada y conquistada, sin observar las verdaderas intenciones de fondo, es una rutina ingenua en la que caen muchas mujeres. Al final, tanto unos como otros terminan lastimados. Los primeros por la vileza de haber manipulado, los segundos por la humillación de haberse dejado manipular.
Es cierto, LA JUVENTUD ESTÁ EN ÉXTASIS, porque piensa poco y experimenta mucho. Porque se inmerge en ensayos placenteros sin pensar en las marcas a largo plazo.
Es momento de hablar claro. De decirle a unos: “fingir el amor te denigra y lastima a otra persona”, y decirle a otros: “creer en el amor espontáneo y sin sustento, te destruye”. Es tiempo de volver a ser honesto.