José Carlos, era un joven introvertido. Soñaba en grande, pero se sentía impotente cuando las cosas no salían como él esperaba. Estaba enamorado de Sheccid, y se esforzó por conquistarla. Las actitudes de ella lo lastimaron muchas veces, y José Carlos debió elegir entre olvidarla o tratar de entenderla. Por otro lado, Sheccid, la hermosa joven aparentemente exitosa de la escuela, sufría en secreto los estragos de una familia disfuncional, una madre aquejada por la peor enfermedad psiquiátrica y  un padre alcohólico. Debió elegir entre escapar o tratar de comprender y ayudar a los suyos.

En la Saga de amor Los ojos de mi princesa, los personajes hacen frente a heridas, decepciones y situaciones incomprensibles. Pero en medio de esa vorágine de problemas, comprenden que sólo el amor los puede salvar. Y entienden que el amor debe demostrarse…con palabras, con obsequios, con detalles… aunque a veces duela.

Diciembre es tiempo de dar regalos. Todo nos habla de ello: la cultura, la publicidad, las fiestas. ¿A quién no le gusta ser sorprendido? Los regalos son una forma de decir “te quiero”, “eres importante para mí”, “formas parte de mi mundo”.  Lastimosamente, envueltos en ese ir y venir de activismo, solemos quedarnos sólo en lo material y olvidamos que tenemos la posibilidad de hacer y hacernos el verdadero y urgente regalo de cambiar la vida: un gesto de amor.

Tú y yo nos hemos encontrado muchas veces en situaciones difíciles con personas cercanas. En varias ocasiones hemos sido lastimados o defraudados. Y al igual que los protagonistas de Los ojos de mi princesa tenemos la posibilidad de ahogar ese resentimiento en nuestro interior, o perdonar. Si optamos por la primera opción, tal como sucede con una herida en la piel que cubrimos impidiéndole el contacto con el aire, reprimimos que la lesión cicatrice y tal vez ocasionemos que se infecte. En cambio, si elegimos perdonar, despojamos nuestra historia de esas capas invisibles que no nos permiten amar en libertad. Siempre tenemos la posibilidad de elegir. Pero si decidimos perdonar debemos dar el primer paso. Y no siempre encontraremos del otro lado la respuesta que deseamos. O tal vez sí.

En estas fechas las familias suelen reunirse y salen a relucir antiguas ofensas: Ese tío al que nadie invita por una discusión sin motivo. Ese hermano que no se puede nombrar durante la cena. Aquel papá que sigue pagando los errores del ayer. ¿Por qué no elegir regalar el perdón? No se necesitan grandes discursos o justificaciones. Una llamada. Un abrazo. Una carta. Todo se vale para acortar esa distancia; para quitarle el sabor amargo a un recuerdo doloroso.

No son las situaciones que nos tocan vivir, sino la actitud que tomamos frente a ellas lo que determina quiénes somos hoy o lo que somos capaces de alcanzar. Y el perdón es indispensable para caminar sin miedo.

De esto habla la Saga de amor Los ojos de mi princesa: Amar es riesgoso, porque confiamos en alguien que puede traicionarnos, que puede equivocarse, o que puede tomar decisiones contrarias a nuestros principios. Aun así, no es conveniente aislarnos. ¡Atrevámonos a perdonar; porque el perdón es la mayor muestra de amor que podemos regalar y porque CUANDO EL AMOR DUELE, EL ALMA CRECE!