Por: Carlos Cuauhtémoc Sánchez

Para escribir mi novela El Feo, me transformé en él. No fue agradable para mi familia ni amigos. Por semanas enteras estuve encerrado, escatimando el baño, el rastrillo de afeitar y los cuidados elementales que todo ser social debería darse. Pero no sólo me transfiguré físicamente, también me zambullí en la psicología de mis personajes y sufrí con ellos cada una de sus experiencias, fui viviendo su metamorfosis y aprendí a cambiar mi propia personalidad de adentro hacia afuera.

La belleza real, no tiene nada que ver con la idea preconcebida de modelos esqueléticos, rostros irreales, formas alteradas en photoshop. Somos bellos por el hálito indefinible que emana de una mentalidad sana, alegre, entusiasta, apasionada y dispuesta. Hay personas que podrían considerarse físicamente bellas, pero que después de unos minutos nos parecen desagradables, y personas de apariencia no muy bella según los estándares, pero que con su trato nos resultan hermosas.

En ese sentido, debemos poner especial cuidado en tres aspectos:

1- Autoconcepto: analiza las ideas que tienes de ti mismo; descubre qué te avergüenza: tus defectos y errores; examina las mentiras que has creído y la forma como has sobrevalorado la opinión ajena. Moldea tu destino enfocándote en lo bueno de ti. Has nacido para dejar huella. Ámate de verdad y pon límites a los ataques de los demás.

2- Autocuidado: no es suficiente pensar lo correcto, también hay que actuar correctamente: cuida tu cuerpo, haz ejercicio diario, evita vicios, esmérate en vestir bien, arreglarte, ser limpio y cuidar la pulcritud de tu apariencia. Las personas te califican principalmente mediante sus sentidos de la vida, del olfato y del oído; tu vocabulario, tono de voz y forma de expresarte determinan ante el mundo la clase de persona que eres. También, evita cualquier tipo de mentira, decirlas pone en riesgo tu atributo más valioso: la credibilidad.

3- Autosustento: Aprende a cultivar las fuentes de belleza que sostendrán tu personalidad toda la vida: inteligencia, paz, comprensión, servicio, valores… Las personas más extraordinarias son amigables, generosas y compasivas con los necesitados. El servicio a los demás embellece.

Por último, enorgullécete de ser diferente. Todo lo que te hace diferente, te hace más fuerte, más grande, más especial. No hay dos seres humanos idénticos, ni siquiera los gemelos. Aunque decimos es igual a su abuelo, la realidad es que ese niño sólo se parece al abuelo en ciertos rasgos físicos o de carácter; sus experiencias y carga genética lo hacen único. Hay hermosura en la unicidad física y cultural, pero sobre todo en el resultado psicológico de la experiencia propia.

En toda la historia del hombre no ha habido un ser humano idéntico a ti; eres irrepetible. Amigo, amiga: Borra aquello que impide verte tal cual eres. Enorgullécete de ser especial y original. Todo lo que consideres defectos físicos son, en realidad, atributos. Sin ir al cirujano plástico. Sin exagerar en atuendos, accesorios, maquillaje o arreglo fatuo, puedes ser una persona notablemente bella. Simplemente, atrévete a ser tú.