Por: Carlos Cuauhtémoc Sánchez

En mi juventud me enamoré perdidamente de una chica que ni siquiera volteaba a verme. Para compensar mi soledad, comencé a escribir. Usé una libreta personal a la que titulé Conflictos, creencias y sueños. Cuando terminé esa libreta hice otra y otra más. Con los años, esas libretas se volvieron el tronco del que brotaron las ramas de mil historias… Así fue como inicié mi carrera de escritor. Han pasado muchos años desde que inicié la escritura de mis Conflictos, creencias y sueños. Tenía catorce. Hoy cincuenta y tres. Casi cuarenta. A la fecha he escrito treinta y tres libros. Entre originales y apócrifos, calculamos que se han impreso más de cuarenta millones de ejemplares.

Quiero confesarte algo: continuamente se me acercan personas que quieren escribir y me dan sus borradores a revisión. Amigos, familiares, conocidos, compañeros, visitantes, ¡me envían sus apuntes con la esperanza de que les diga cómo publicarlos! Me la paso tratando de explicar técnicas de escritura y exhortando a los aspirantes a comenzar de nuevo. Tengo un cuñado dentista a quien le sucede algo similar. Las personas, cuando lo ven, abren la boca; no importa si están comiendo barbacoa; le enseñan los dientes pidiendo una opinión o un tratamiento provisional. No siempre es lo más agradable, ni lo que mejor funciona. Ahora mi cuñado solo atiende en su consultorio, y yo decidí escribir un método. Simple. Práctico, al que llame igual que aquella primera libreta Conflictos, creencias y sueños. Con secretos que todo aspirante a escritor necesita saber. Un manual diseñado para personas de mente joven. Como tú.

Amigo, amiga: Tienes talento. Hay personas cuyos cerebros son perezosos para imaginar y entablar conexiones a través de palabras; prefieren dibujitos; no saben y no quieren aprender a expresarse. Tú disfrutas las buenas frases. Te esfuerzas por hablar y redactar bien… Insisto. Tienes talento. Pero te falta disciplina. Y coraje.
Sacúdete las malas experiencias del pasado. Tal vez alguien desestimó tus escritos, o ni siquiera los leyó a profundidad y te rechazó. Retoma ese sueño que alguna vez te hormigueó en la mente y vuelve a pensar en él.
Tú puedes escribir con excelencia. Tus textos dejarán huella en el mundo… Créeme… y créelo.

No pienses que ya hay demasiados libros (aunque sea verdad), ni pienses que cualquier cosa que se te ocurra escribir, ya se le ocurrió a alguien antes (aunque también eso sea cierto). Entiende que no existe nadie en el planeta con tu sensibilidad, y combinación de conocimientos; por eso: tu historia es única. Y a través de ella puedes tocar al lector, sumar valor a su vida. Porque tú tocas a la gente. Con tus manos, con tu ejemplo, y con tus palabras; ¿por qué no hacerlo escribiendo?

Esta vez puede ser distinto; si escribes desde el fondo de tu ser, sin tratar de impresionar, enfocándote en ser tú, ocurrirá algo mágico. ¿Qué sentido tiene disfrazarte o tratar de aparentar algo que no eres? El mundo está lleno de falsedad; tú eres una persona auténtica. Mucha gente no ha creído en ti, porque no te conoce. Bueno, pues ha llegado el momento de quitar ese velo y mostrarte tal cual eres. Relata tus conflictos, creencias y sueños; tus dudas, errores y luchas interiores, tus convicciones y anhelos; quienes alguna vez te ignoraron, se asombrarán. Y, ¿quién sabe? tal vez aprenderán a amarte.

Naciste para dejar huella. Por eso, escribe.